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Hola,
Mi nombre es Lydia.
Vivo en Córdoba, esa serena ciudad del sur. Me gusta la lluvia, cosa que pasa en contadas ocasiones y me gusta la niebla, cosa que ocurre casi todas las mañanas. Me gusta que los días se disfracen con el clima y creer que vivo en cualquier otro lugar, pero me encanta cuando regresan las tardes soleadas y cálidas y pasear por estas calles alumbradas de paz.
He trabajado en sitios muy distintos, aunque haciendo siempre más o menos lo mismo. También he sido durante mucho tiempo profesora y puedo volver a serlo en cualquier momento aunque ahora trabajo escribiendo. He publicado artículos a veces con mi nombre y a veces no, pero es algo que tiene explicación. Terminé un libro de poemas que sigue guardado en el escritorio y hace meses que escribo relatos que quiero recopilar algún día.
Tengo un pastor alemán que de pronto lleva nueve años conmigo y no sé cuándo ha pasado todo este tiempo y tengo una gatita desde hace sólo dos meses y me parece que lleva conmigo media vida.
Me divierte cocinar. Me gusta el color blanco. No soporto hacer un cálculo. Puedo pasar horas viendo blogs de decoración y ni una frente a la tele. Disfruto con el cine. Tengo una buena colección de películas, bastantes favoritas. Y me encantan las ilustraciones infantiles, el dibujo es un poco como una espina clavada.
Si miro dentro de mi armario, mis prendas favoritas, las que más me gusta ponerme son aquellas que vistió mi madre en los setenta y en los ochenta. Están perfectas. No me gusta ir de compras. No suelo encontrar nada de mi estilo.
De todo, lo que más me gusta es hacer fotos. Ahora tengo una compacta, una sony dsc w290. No soy una experta pero me gusta "jugar" y siempre acabo pensando que nunca hago todas las que debiera.
Si quieres saber más, puedes hacerlo escribiéndome a ladylikeaudrey@gmail.com
Sobre el desayuno
Este blog existe desde noviembre de 2003. Mi indecisión es culpable de que eligiera para firmar las iniciales de las tres palabras del título. Aún hoy, seis años después, sigo sin ser capaz de elegir un nombre. Creo que el desayuno... ya tuvo su época de esplendor, antes era más visitado. Sé que antes también escribía más. Ahora y pese a los largos abandonos simplemente sigue adelante. Aquí hablo del día a día, lo que me preocupa, lo que me gusta, cuento cuentos, deslizo versos y alguna fotografía. Los comentarios, las visitas, las confidencias, las sensaciones siguen siendo increíbles.
Frío y abandono.
Suele ocurrir siempre en la semana número 51 del año. Estoy triste y la nostalgia que trae el aire se asienta como la niebla. Pienso en el color que puede tener el mar en diciembre, en el tacto de los calcetines sobre la alfombra, en el calor que producen las palabras que no escucho, en mi mente sonando como el centrifugado de la lavadora.
Y me recorre el frío desde los dedos de los pies hasta la cabeza. Me recorre desnuda y bajo las mantas.
Y me rodea el abandono. En las conversaciones aburridas de una egocéntrica amiga y en las reuniones/círculos concéntricos de compañeros de trabajo. Me rodea en casa desnuda y bajo las mantas.
Mi táctica es
mirarte
aprender como eres
quererte como eres.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en tí.
Mi táctica es
ser franco
y saber que eres franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.
Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.
Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
Mario Benedetti
Había, cerca de donde vivía antes, un bar que se llamaba Venus al que me gustaba ir a comer ensaladilla rusa. Tenía la silueta de la Venus de Botticelli dibujada junto al nombre y el interior estaba decorado con columnas de escayola. Era como un Partenón cerca de casa. Un Partenón falso de yeso ribeteado en verde y amarillo, pero que me gustaba. Hoy, en un comercio, he visto al camarero y he tardado un momento en lograr recordar de qué lo conocía. Luego ha dicho: yo tenía un bar y siempre estaba lleno, claro que tenía cuatro mesas, y los que le escuchaban rieron.
Hace algo más de un mes, corriendo, dando la vuelta por detrás de San Miguel porque iba sin tiempo como siempre, Rafa, un antiguo compañero de facultad aligeró el paso para alcanzarme. Hacía, al menos, cinco años que no nos veíamos. Se hace extraño, hablamos durante tres minutos para ponernos un poco al día y me dió la impresión de que miraba y remiraba cada uno de mis gestos como el método más efectivo para reconocerme, para recordarme.
El otro día leí un artículo en un periódico en el que el autor pretendía dar un nombre a los años que van desde el 2000 al 2010 y sólo se le ocurrió los años nada. Llevo desde entonces tratando de configurar algo que diese un poco de unidad a esta década, a nivel personal, claro, pero no se me ocurre. Este blog ha cumplido seis años ya. Y han pasado muchas cosas, claro, pero es una sensación extraña esa del paso del tiempo y creo que no he sido consciente hasta ahora. Hasta estos días en que ando recalculándome las arrugas.
Si tienes la fórmula secreta, no dudes en contármela.